MUJER

El Gym y yo. Parte 1.

Hoy he tenido mi segunda clase de Body Balance, para los que no sepan que es, deben saber que es una combinación perfecta entre Yoga, Pilates y Taichi. Es un invento para mamás aburridas, oxidadas y desocupadas laboralmente que nos quedamos sin nuestro trabajo y entretenimiento principal de nueve a tres.

De un tiempo a esta parte me parece muy importante inculcar en Ernesto hábitos de vida saludables, los que yo nunca he tenido, para que por lo menos cuando sea mayor sepa elegir y decida si quiere llevar una vida sana o no. Alguien me dijo alguna vez que lo que bien se aprende tarde se olvida. Así que en casa hacemos lo posible por llevar una alimentación variada y sana, huyendo de ultraprocesados, de fritos, grasas saturadas, comida basura en general, aunque es difícil, realmente difícil y también intentamos huir del sedentarismo y hacemos más deporte, vamos al gimnasio, a la piscina, intentamos no quedarnos en casa los fines de semana, aunque esto también es realmente difícil, pero el amor todo lo puede ¿no?

Y es en este punto donde entra mi experiencia con el maravilloso Body Balance, la primera clase fue un desastre, me caía, no conseguía seguir la coreografía, me daba la risa, me dolía todo el cuerpo, fatal vaya! Pero la de hoy ha sido diferente, me he sentido muy segura, tranquila, relajada y más flexible, pero en un momento dado, cuando estábamos haciendo la postura del guerrero y no era capaz de mantener el equilibrio y muchísimo menos de conseguir hacer la figura sin caerme de bruces contra el suelo, me he quedado mirando a la profesora embobada, tendrían que ver que bien lo hace, que cuerpo tan perfecto, que equilibrio, no podía parar de mirarla y simplemente he pensado “ojalá algún día puede hacerlo así de bien”.

Pero después, al salir, y casi durante todo el día he estado pensando que no tengo un cuerpo así, no por el cuerpo, no por motivos estéticos, sino por motivos de salud o de bienestar o quizás más bien de equilibrio, porque no he querido. Más tarde llegué a la conclusión de que la culpa ha sido mía, menuda lumbreras ¿eh?, pero si, gran parte de la culpa ha sido mía, si en lugar de pasarme un tercio de mi vida, bebiendo, fumando, comiendo comida basura, big macs, donuts, refrescos con azúcar, sin moverme del sofá,pasando noches sin dormir, en fin, tratando a mi cuerpo como un trapo, sin darme cuenta de que es el único que tenía, acuñando frases del cuñadismo más rancio como la típica “de algo hay que morir”. Desgraciadamente para mi tuvo que morir la persona más importante de mi vida y nacer la persona más importante de mi vida para darme cuenta de que  no quiero que mi hijo se quede sin madre con 30 años y que no quiero que vea a una madre enferma desde la adolescencia. Cambiar el chip no ha sido fácil y dar el paso y levantar el culo del sofá tampoco, pero poco a poco he ido tomando conciencia y he ido eliminando todo lo que me hacía daño, solo espero con esto que algún día pueda reconciliarme con mi cuerpo y llegar a ser una abuela muy muy pesada que mime mucho mucho a sus nietos.

Despues de tanto tiempo me da un miedo terrible darle al botón publicar… Allá vamos!

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2 comentarios sobre “El Gym y yo. Parte 1.

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