CRIANZA

Aprendizaje veraniego

Ya nos pasó el año pasado, salimos de casa con un bebé muy pequeño que apenas si se movía y sonreía o hacia algún ruidito y volvimos con un tiarrón que gateaba como un loco, se reía a carcajadas, protestaba , ordenaba y a su manera se hacia entender perfectamente.

Este año muy a mi pesar nos ha pasado lo mismo, hemos salido de casa con un bebé y hemos vuelto con otro muy diferente. Lo cual para mi no deja de ser traumatico y muy difícil de asumir, me da mucha pena aceptar que mi pequeño es cada día mas mayor y que poco a poco está dejando de ser mi bebé.

Los primeros días en la playa Ernesto se comportaba exactamente igual que en Madrid, cuando bajábamos al parque era raro el día que quería separarse de mi, tenia que acompañarle a subir al tobogán, me pedía teta todo el rato, me preocupaba un poco esa actitud pero no le di mayor importancia, siempre ha sido un niño muy reclamante pero también es normal, pasamos la mayor parte del día solos y por las tardes solo con papá.

Así que en esos primeros días en los que los niños de la playa le llamaban para jugar y él se negaba me asusté un poco ya que había niños de su edad que corrían y saltaban por toda la playa y se relacionaban entre ellos con total naturalidad, sé que cada niño tiene su ritmo y que no debo compararlo con otros niños pero no lo puedo evitar, me preocupa todo y obviamente tengo que comparar su comportamiento y su desarrollo con el resto de niños.

Para mi sorpresa a los 3 o 4 días note que poco a poco se iba separando de mi lado, que por la mañana apenas me pedía la teta, que cada vez se alejaba un poco mas de mi para intervenir en los juegos o que jugaba con los otros papás de la forma mas natural del mundo, así comenzó una carrera de fondo imparable, no le reconocía, tenia una mezcla de felicidad, orgullo y tristeza que se fue disipando con el paso de los días.

Fue tal el punto de relajo que llevaba en la playa que había mañanas en las que apenas me hablaba, me pedía que le hiciera helados de arena e iba ofreciendolos a todo el mundo mientras le contaba los ingredientes, llego un momento en el que todo el mundo le conocía. Le encanta hacer castillos de arena y luego destruirlos, pero sobre todo le gusta hacerlos a él.

Pero no solo hemos ganado en independencia, el cambio ha sido tan radical que todavía estamos alucinados. Éste último mes ha aprendido a dar besos con sonido, cuando me dio el primero me temblaron las piernas, son tan dulces y mágicos, tienen la capacidad de curar hasta el mas grande de los males. Está aprendiendo a decir un montón de palabras y ahora si que se hace entender perfectamente, ha ganado mucha autonomía, ahora sabe correr, lavarse las manos, frotarse el cuerpo con la esponja, coger los cubiertos, beber de vasos de cristal, a contar hasta 10 a su manera claro, a darle patadas a la pelota, a coger los tomates rojos del huerto y algunos verdes, a decir mami y papi con nitidez, a subirse a la silla y de la silla a la mesa, ya no quiere la trona porque prefiere comer en la silla de los mayores, ahora le encanta ver sus vídeos y se ríe con sus cosas, intenta ponerse las zapatillas y te ayuda a que se las pongas, a saltar en la cama, a llenar la regadera y echarse el agua por la barriga, a tirar cosas por la ventana, a cantar con micrófono que puede ser cualquier cosa,  pero lo mejor de todo es que ha adquirido una actitud ante la vida que me vuelve loca, caminar con la frente muy alta, los hombros relajados, la espalda recta, los ojos brillantes y una media sonrisa como sabiendo que el mundo le pertenece. Muero de amor.

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