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Día internacional de la mujer

 

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Hoy es un día realmente importante, parece un día más, es cierto, pero si te fijas bien verás como hoy las mujeres tenemos un brillo especial en los ojos, porque sabemos algo que solamente nosotras sabemos, porque hoy levantamos la cabeza con más chulería que ayer, porque hoy nos vemos más guapas que nunca y no hace falta que nadie nos los diga.

Todos los años al hablar de este día nombramos y nos acordamos de nuestras grandes predecesoras, de mujeres que han pasado a la historia por su valentía, por no callarse, por no agachar la cabeza, por saber que si, cuando los hombres de su entorno las intentaban convencer de que no, mujeres que nunca se doblegaron, que nunca perdieron la fe en sí mismas ni en la humanidad. Mujeres como Clara Campoamor, Virginia Woolf, Marie Curie, Coco Chanel, Susan Sarandon, Teresa de Calcuta o Juana de Arco, por ejemplo.

De ellas ya hablarán hoy todos los telediarios, yo no, yo prefiero hablar de esas millones de mujeres anónimas que pasean a nuestro alrededor, pasan desapercibidas, pero en realidad son todas y cada una de ellas las que hacen que el mundo gire, las que de manera anónima ponen en orden a la humanidad.

Una de esas grandes mujeres es mi tía Amanda Soto, los mejores recuerdos que guardo de ella son los que me contaron las personas que la conocieron y la quisieron, en casa siempre se contaban historias de una mujer de poco más de metro y medio, valiente, generosa, cariñosa, atractiva, con mucho carácter lo que le costó un divorcio por lo menos y más de una relación. En casa siempre se contaba que mas de una vez llegó a casa descalza porque le había regalado los zapatos a alguien que los necesitaba mas,  así era ella, sencilla y pragmática, una frase que repetía siempre y que además era dogma de su vida y su forma de verla es: “¿Cuánta tierra necesita un hombre?, solamente 2 metros cuadrados”. Mi madre siempre me contaba que cuando murió fue tanta gente al funeral y le enviaron tantas flores que el olor tardó muchos días en irse. Fue una mas de las que perdieron la batalla contra el cáncer de mama. Debería haber más mujeres como mi tía Amanda, estoy convencida de que el mundo sería más justo.

Durante toda la historia de la humanidad las mujeres hemos sido avasalladas, pisoteadas, insultadas y da igual lo que hagamos y cómo lo hagamos porque siempre vamos a estar en el punto de mira, en el centro de las críticas, nosotras mismas nos hacemos la zancadilla muchas veces movidas por el miedo o por yo que sé que, el caso es que desde que soy madre tengo mas claro que la unión hace la fuerza, que necesitamos beber unas de otras, de nuestras experiencias para conseguir plasmar en nuestros hijos esos valores de humanidad, solidaridad, confianza, igualdad, que tan necesarios son para construir la sociedad del futuro, la que nos hará libres.

Hace ya muchos años las mujeres decidimos salir de la casa y de sus labores para entrar en el mundo laboral, muchas veces hemos visto en el NODO como era una novedad y motivo de noticia que hubiera mujeres taxista, conductoras de autobús o farmacéuticas, por supuesto además de tener un trabajo remunerado tenían que seguir trabajando el resto de la jornada en sus casas, cuidando a los niños y al marido, haciendo comidas, poniendo lavadoras y con la presión encima de tener que hacerlo todo bien, ser perfecta, disimular las arrugas, atusar el cardado, ser una buena esposa y una mejor amante y en el trabajo, la mejor también claro, porque si no seras un fraude, críticas y más críticas. Poco a poco empezamos a ver como las mujeres tenemos cada vez más puestos de responsabilidad en las empresas, en consejos de administración, en los gobiernos y dejábamos un poco de lado la maternidad y el matrimonio, pues toma, más críticas, íbamos a contracorriente, esto era antinatural o “se os va a pasar el arroz”. Pues de un tiempo a esta parte, no se si debido a los altos porcentajes de paro que también hemos tenido que pagar las mujeres o a que estamos retomando una conciencia más íntima de la maternidad y de la crianza, pero hay una tendencia a volver al hogar, a quedarnos con nuestros bebés, a prolongar la lactancia, a practicar colecho, a cuidar de nuestra familia, bueno, pues otra vez a escuchar críticas, que somos una vagas, que no queremos trabajar, que queremos estar todo el día en casa rascándonos la barriga, en fin, que aburrimiento todo.

La sociedad tiene que cambiar y mucho, pero el mensaje es fácil, no queremos ni mas ni menos que ser iguales, mismas oportunidades, mismas responsabilidades.

 

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