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Navidad II

Y por fin, el primer fin de semana de diciembre poníamos el árbol de navidad y el belén, era genial volver a ver los adornos de un año para otro, mi madre nos dejaba ir colocando las bolas, los lazos y demás chismes que se cuelgan, obviamente las poníamos sin orden ni concierto pero ella jamás nos lo decía así que cuando nos aburríamos o nos dábamos la vuelta ella lo dejaba perfecto. Una vez que nuestra casa estaba totalmente invadida por el espíritu navideño teníamos unos diez días de paz y tranquilidad hasta que empezaba otra vez el estado de sitio y mi madre se volvía a atrincherar en la cocina y lo ponía todo patas arriba. 


Una de las cosas mas importantes era la “torta negra” , durante todo el año mi madre metía en una garrafa una especie de mejunje que se maceraba durante todo el año y en el que había varias bebidas espirituosas y todo tipo de frutas secas y escarchadas, con esa mezcla se elaboraba un bizcocho oscuro, denso, aromático, contundente que impregnaba de olores maravillosos toda la casa.


Durante los días previos mi madre hacia cantidad de platos típicos y nos dejaba ayudar y mancharnos, recuerdo con tanto amor aquella época, aunque sin duda mi día favorito era el día de hacer las “hallacas”, la elaboración de este plato tan típico empezaba dos días antes y tienen tanto trabajo que termina siendo agotador, pese a todo es un día de fiesta en cada casa venezolana, las familias se juntan y mientras escuchan “aguinaldos” y beben“ponche crema”, forman una cadena de montaje y cada uno se encarga de un paso, ese día era una locura como en todas las casas supongo y en la mía que lo era todo el año ese día se triplicaba, como no había tiempo de hacer comida, mi madre siempre hacia sopa de arroz, yo la odiaba, nunca comía, prefería esperar a que estuvieran las primeras hallacas y me las comía todavía calientes a las tantas de la tarde.


Otro día especial de la navidad era por supuesto la Nochebuena, mi madre se pasaba cocinando todo el día, eramos solo cinco pero podrían comer facilmente 20 personas, se tiraba todo el día con el horno encendido y pelos de loca, pero a las 7 de la tarde desaparecía para aparecer una hora mas tarde como una actriz de cine, guapa y perfecta y mientras nosotros desesperados esperando porque hasta que ella no llegara no podíamos abrir los regalos, porque en mi casa los regalos se abren antes de cenar.  Ahora que no está y que la echo de menos con toda mi alma me siento en la necesidad de ponerme brillantina hasta en las pestañas y cocinar para un ejército, es una manera bonita de honrar su memoria.


Ahora entenderán porque tengo tanto miedo de no poder ofrecer a mi hijo las mismas navidades que mis padres a mi, es un poco difícil y seguramente entre su padre y yo tendremos que inventar nuestras propias tradiciones, que la ilusión sea por todo lo que vea, que le brillen los ojos al ver las luces, que sepa que son días para estar juntos, para reírnos, para hacer cosas divertidas y no solo porque tenga regalos, espero que para él como para mi eso sea lo de menos.

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